Estudie en la Universidad Autónomas de Chiapas la Licenciatura en Pedagogía, el porqué estudié esta carrera se debe a la curiosidad del sistema tradicional en el que fui formado, estando a 2 semestres para titularme comencé a dar clases en una preparatoria particular bivalente, en las materias de Taller de Lectura y Redacción, donde me llamó la atención trabajar con jóvenes adolescentes y corroborar que la actividad académica del docente no precisamente tiene que ser tan tradicionalista, egrese de la universidad y un maestro me invitó a colaborar con él en la escuela Normal Superior del Estado de Chiapas como catedrático de Psicología Educativa y Tecnología Educativa.
Estando instaurado en este nivel escolar, el Director de la Facultad de Humanidades Campus VI, de la Universidad Autónoma de Chiapas, me invitó a trabajar en la coordinación de la extensión del campus VI, en el municipio de Pijijiapan, en la Licenciatura en Pedagogía, no solo contribuí al crecimiento y fundación de este campus, si no que también me he desempeñado, como catedrático en las materias de Economía Política; Psicología y Educación I; Psicología y Educación II; Situación Socioeconómica Política y Cultural de México; Psicología Evolutiva; Situación Socioeconómica Política y Cultural de Chiapas; Psicología Social y Teoría de Grupos; Seminario de Educación Informal; Política Educativa; Seminario de Educación no Formal; Taller de Análisis de los Programas de Estudios; Administración y Planeación Educativa; Seminario de Educación Formal; Taller de Creatividad para la acción Educativa; Organización Escolar; Diseño y Evaluación Curricular; Educación Comparada y Taller de Elaboración de Tesis.
En el nivel medio superior, imparto las materias de psicología I y II, Orientación Educativa y vocacional; y al terminar de estudiar la maestría en psicopedagogía, me he desempeñado en las funciones de tutorías en el nivel medio superior y superior.
Aunado a lo anterior me doy cuenta de que mi identidad docente siempre ha estado presente a lo largo de mi trayectoria profesional sobre todo con la perspectiva de que “doy clases” porque esto es lo que me agrada y satisface al educar a las generaciones de jóvenes así que mi elección por la docencia no fue porque no hubo de otra o porque estaba a la espera de una mejor oportunidad laboral. Es por ello que me atrevo a asegurar que mi identidad docente, siempre ha estado presente.
Los verdaderos avances en educación; en la calidad y la excelencia de los procesos educativos, no se generan como consecuencia de grandes cambios estructurales o funcionales, se generan más en lo esencial; en los cambios personales. La calidad educativa depende esencialmente de la “calidad del ser”; especialmente de quienes se comprometen con la educación. Los procesos de calidad los hacemos personas de calidad.
Sin embargo, como maestro reconozco que soy la piedra angular, de causa ejemplar y modelo, del eje conductor, junto a los padres de familia, de guiar al más pleno desarrollo humano de los jóvenes. Aunque, reconozco que soy el responsable de los resultados (buenos o malos) que se generan en dichos procesos formativos.
Ni las corrientes modernistas, han podido anular la importancia del docente, pues el binomio educador-educando es condición sin la cual no puede generarse la acción educativa.
Ni la tecnología, ni las metodologías, ni las ideologías educativas, pueden sustituir al docente en su quehacer educativo. Me atrevo a aseverar que ninguna máquina, ninguna tecnología por avanzada que sea, podrá sustituirnos como docentes.
Mi papel es y seguirá siendo relevante, especialmente en la formación de los jóvenes, en el desarrollo de su inteligencia, sensibilidad, autonomía, solidaridad y en lo humano y no sólo en el manejo de la información, de los contenidos y de los temas escolares.
Ciertamente el alumno es el centro y el protagonista de la formación, es el propio alumno quien realiza la dinámica de apropiarse y hacer suyo el conocimiento, del hacer y de la virtud aprendida, pero es innegable, que sin la ayuda, cálida guía y compañía del profesor, la educación no puede consolidarse.
Existe un desconocimiento de lo que significa “Ser Docente o Profesor” y un deterioro de la comprensión de la trascendencia que tiene su misión cultural; ésta le hace incluso estar muy por encima de otras relevantes profesiones.
Somos los docentes los que ayudamos a formar ciudadanos, padres de familia, científicos, políticos, artistas, técnicos, etc. Somos, por lo tanto, un eje esencial en la vida familiar y social de un país.
Sin embargo, hay muchos docentes de profesión (o dedicación), que no tienen este sentido explícito de su misión educadora, porque no tienen una identidad propia, una identidad docente que les permita trascender. Hay otros que la van perdiendo por muy diversas causas: por estar comisionados en labores administrativas o sindicales, por estar inmersos en asuntos de política (partidista o no), por tener otras “chambas” tal vez más importantes y muchos otros etcéteras.
Como verdadero profesor, actúo más en relación a mi propio interior como persona y en el interior o más íntimo de ser educador, con ello logro una “impronta” (como un seguir a mi ejemplo) en la vida del alumno. Esto no puedo hacerlo sino a través de contagiar y conquistar al educando, por su propio dinamismo interior, que lo invito a dejarse guiar, a imitarme y a seguir superándose, porque el docente no enseña por lo que dice, si no por lo que hace.
Como docente, ejerzo mi liderazgo, con un poder de autoridad real, basado en un prestigio tanto personal como profesional y considero poseer autoridad porque demuestro mi “saber, saber hacer, saber ser y saber ser con los otros”.
Mi acción Magistral sólo tiene sentido, si tiene sus cimientos o fundamentos en el “amor pedagógico hacia el alumno y a su vocación”. Esto me impulsa y me hace permanecer en el esfuerzo de educar y educarme constantemente.
Termino con la siguiente frase: El buen maestro no educa sólo a los talentosos, ni a los alumnos “brillantes”, está más bien atento a educar a quienes desde sus limitaciones, y sus obstáculos, quieren o necesitan superar sus deficiencias.
Felicidades pues, a todos mis colegas que estamos en este diplomado superándonos o tratándonos de superar en esta noble, trascendente y muy digna labor.
Estando instaurado en este nivel escolar, el Director de la Facultad de Humanidades Campus VI, de la Universidad Autónoma de Chiapas, me invitó a trabajar en la coordinación de la extensión del campus VI, en el municipio de Pijijiapan, en la Licenciatura en Pedagogía, no solo contribuí al crecimiento y fundación de este campus, si no que también me he desempeñado, como catedrático en las materias de Economía Política; Psicología y Educación I; Psicología y Educación II; Situación Socioeconómica Política y Cultural de México; Psicología Evolutiva; Situación Socioeconómica Política y Cultural de Chiapas; Psicología Social y Teoría de Grupos; Seminario de Educación Informal; Política Educativa; Seminario de Educación no Formal; Taller de Análisis de los Programas de Estudios; Administración y Planeación Educativa; Seminario de Educación Formal; Taller de Creatividad para la acción Educativa; Organización Escolar; Diseño y Evaluación Curricular; Educación Comparada y Taller de Elaboración de Tesis.
En el nivel medio superior, imparto las materias de psicología I y II, Orientación Educativa y vocacional; y al terminar de estudiar la maestría en psicopedagogía, me he desempeñado en las funciones de tutorías en el nivel medio superior y superior.
Aunado a lo anterior me doy cuenta de que mi identidad docente siempre ha estado presente a lo largo de mi trayectoria profesional sobre todo con la perspectiva de que “doy clases” porque esto es lo que me agrada y satisface al educar a las generaciones de jóvenes así que mi elección por la docencia no fue porque no hubo de otra o porque estaba a la espera de una mejor oportunidad laboral. Es por ello que me atrevo a asegurar que mi identidad docente, siempre ha estado presente.
Los verdaderos avances en educación; en la calidad y la excelencia de los procesos educativos, no se generan como consecuencia de grandes cambios estructurales o funcionales, se generan más en lo esencial; en los cambios personales. La calidad educativa depende esencialmente de la “calidad del ser”; especialmente de quienes se comprometen con la educación. Los procesos de calidad los hacemos personas de calidad.
Sin embargo, como maestro reconozco que soy la piedra angular, de causa ejemplar y modelo, del eje conductor, junto a los padres de familia, de guiar al más pleno desarrollo humano de los jóvenes. Aunque, reconozco que soy el responsable de los resultados (buenos o malos) que se generan en dichos procesos formativos.
Ni las corrientes modernistas, han podido anular la importancia del docente, pues el binomio educador-educando es condición sin la cual no puede generarse la acción educativa.
Ni la tecnología, ni las metodologías, ni las ideologías educativas, pueden sustituir al docente en su quehacer educativo. Me atrevo a aseverar que ninguna máquina, ninguna tecnología por avanzada que sea, podrá sustituirnos como docentes.
Mi papel es y seguirá siendo relevante, especialmente en la formación de los jóvenes, en el desarrollo de su inteligencia, sensibilidad, autonomía, solidaridad y en lo humano y no sólo en el manejo de la información, de los contenidos y de los temas escolares.
Ciertamente el alumno es el centro y el protagonista de la formación, es el propio alumno quien realiza la dinámica de apropiarse y hacer suyo el conocimiento, del hacer y de la virtud aprendida, pero es innegable, que sin la ayuda, cálida guía y compañía del profesor, la educación no puede consolidarse.
Existe un desconocimiento de lo que significa “Ser Docente o Profesor” y un deterioro de la comprensión de la trascendencia que tiene su misión cultural; ésta le hace incluso estar muy por encima de otras relevantes profesiones.
Somos los docentes los que ayudamos a formar ciudadanos, padres de familia, científicos, políticos, artistas, técnicos, etc. Somos, por lo tanto, un eje esencial en la vida familiar y social de un país.
Sin embargo, hay muchos docentes de profesión (o dedicación), que no tienen este sentido explícito de su misión educadora, porque no tienen una identidad propia, una identidad docente que les permita trascender. Hay otros que la van perdiendo por muy diversas causas: por estar comisionados en labores administrativas o sindicales, por estar inmersos en asuntos de política (partidista o no), por tener otras “chambas” tal vez más importantes y muchos otros etcéteras.
Como verdadero profesor, actúo más en relación a mi propio interior como persona y en el interior o más íntimo de ser educador, con ello logro una “impronta” (como un seguir a mi ejemplo) en la vida del alumno. Esto no puedo hacerlo sino a través de contagiar y conquistar al educando, por su propio dinamismo interior, que lo invito a dejarse guiar, a imitarme y a seguir superándose, porque el docente no enseña por lo que dice, si no por lo que hace.
Como docente, ejerzo mi liderazgo, con un poder de autoridad real, basado en un prestigio tanto personal como profesional y considero poseer autoridad porque demuestro mi “saber, saber hacer, saber ser y saber ser con los otros”.
Mi acción Magistral sólo tiene sentido, si tiene sus cimientos o fundamentos en el “amor pedagógico hacia el alumno y a su vocación”. Esto me impulsa y me hace permanecer en el esfuerzo de educar y educarme constantemente.
Termino con la siguiente frase: El buen maestro no educa sólo a los talentosos, ni a los alumnos “brillantes”, está más bien atento a educar a quienes desde sus limitaciones, y sus obstáculos, quieren o necesitan superar sus deficiencias.
Felicidades pues, a todos mis colegas que estamos en este diplomado superándonos o tratándonos de superar en esta noble, trascendente y muy digna labor.
